15 Marzo 2010
Tom Geiger: entrevista

Establecí un lugar. John Creamer con su remix fue instrumental, así como Lance Jordan, mi compañero de composición, para crear este cuerpo de trabajo, y la Metro esparció la palabra. Me siento en casa aquí, de verdad te lo digo. Toqué anoche en Kika, y había gente para verme pasada la medianoche, fans, personas de 20 o 30, que tienen que ir a trabajar a la mañana siguiente. Me tienta ser residente. Hice un show en MusicClub y había 600 personas enloquecidas. En New York, es como un cierto anonimato, y aquí es como salir a hacer incendios, con muy poquita promoción. Lo conocí a Pedro Delquy, argentino, que estaba haciendo un video para la campaña del alcalde Bloomberg, y hoy es mi tour manager aquí, y también toca conmigo en vivo, se encarga de las secuencias, los sintetizadores y la parte electrónica. Vino y me dijo: “Let’s go!”. Es esa presión la que hace diamantes. Aquí la gente quiere hacer negocios.
Sos muy sincero sobre tu situación. No hay aires de grandeza aquí.
Como decía Mark Twain: “Decí la verdad y nadie recordará otra cosa.” No tengo tiempo ni ganas de conjurar una imagen que no me corresponde. Y voy a seguir en esto hasta que se me acaben los resultados. Ya no podía tocar en New York, me resultaba carísimo pagarle a una banda, a músicos. Cada show me salía 800 dólares de mi propio bolsillo. Puse el track como una pista de sonido en Youtube, la gente lo escucha una y otra vez. MGMT, The Teenagers o Cut Copy no están tan lejos de lo que hago. Y son como Goliat. Yo vengo aquí con mi valija y una sonrisa, nada más. Es pura suerte.
De nuevo, el remix de Creamer voló lejos. Fue número 1 en La Metro y sigue sonando.
La gente lo baila en Argentina o Lituania. No es para la mitad de un set. Es más para cerrar. Creamer lo usa para sus cierres. Recibí emails de la gente de Pachá, que alucinaron con “Can One Day Change Your Life”, mientras lo escuchaban a la salida del sol en Ibiza en Año Nuevo. John no quería hacer un track de dance. ¡Sólo mejorar el original! Hay un clip mío en Youtube, tocando en un bar chiquito en New York, y antes del tema digo: “¿La conocen esta? Es número 1 en la radio Metro en Buenos Aires.” ¡Y había dos porteños mirando! Cuando empezó todo esto, ni podía decir “Buenos Aires” correctamente. Ahora me sale mejor.
La historia de “Empty Girl” es muy de corazón roto.
Y era una chica que se fue, que quería otra cosa, muy típico. No puedo dar vuelta el reloj, cambiar el pasado. Escribí esa canción como un espejo para mí mismo. Si alguien así entra en tu vida, mejor que estés agradecido. Te dejan canciones hermosas. Sentís una fuerza emocional tan fuerte que te dejan cosas así.
¿Y qué pasó?
Se casó, hoy tiene hijos, una vida. Hace un tiempo me llegó un mensaje de texto de ella, para que hablemos. Hubo un cierre. Es horrible tener rencores, te envejece, te dobla.
Algunas fans te dieron besos en Kika.
¡Y me encanta! No salgo a cazar groupies, pero tengo problemas en besar a mis fans. Recuerdo sus nombres, me escriben al día siguiente un e-mail. Una que otra tiene que esconder su anillo de compromiso, ¡ja, ja, ja! Todas estas chicas hermosas. Te juro me fascinan los misterios de la mujer. Es raro. En Estados Unidos a las chicas les pegó más la revolución sexual, salen a divertirse como los hombres, son agresivas. En Argentina, no tanto.
Todo rinde para canciones.
Nada mejor que contar historias, algo a lo que todos nos podamos relacionar. ¡Eso soy yo! Ahora estoy con una nueva, “Finally Here”, la estoy componiendo con un amigo, Gaby Dershin, y es su historia. Conoció una chica por Internet… ¡que vivía en China! Es un romance de larga, larga distancia. Se hablaron por años, hasta que ella fue a New York. Finalmente llegó ahí. Gaby me contó la historia, así que salí y escribí: “Sale el sol, los días oscuros cambian, finalmente estoy aquí.” Y es como me siento con Argentina, puntualmente.
Hay una recompensa.
¡Claro que sí! Es levantar el resultado de trabajo duro, de tocar por años en bares, y es la libertad para disfrutar de ese resultado. No importa si hacés uno o dos shows malísimos, realmente. Hay una fascinación atrás de todo esto.




