6 Octubre 2009
Sarah Illenberger: diseño mutante
Diseño aplicable como un montón de cosas orgánicas apiladas, tipo pedazos de pulpo o pedazos de kiwi, íconos sportswear reconstituídos o cosas que son otras cosas en verdad, para clientes como Nike o J&B.
-No hay categorías en esto. No es arte, no es diseño, o es ambas cosas.
-¡Es que eso es lo mejor de todo! Cruzar límites, y elegir cualquier medio disponible para trabajar, el material que se te antoje. Siento mucha libertad, y encaro cada proyecto de una forma distinta.
-Hay una transmutación en tu obra, desde los materiales. Una banana o un repollo hechos de tela, u objetos prácticos hechos de cosas orgánicas, pulpos, fruta, cubos de azúcar. Es una mirada sumamente distinta.
-Trato de no usar el mismo material demasiadas veces, aunque el papel es lo más agraciado y versatil que una tiene disponible. Busco lo cotidiano, lo que usamos y vemos a cada día, para resignificarlo. Y esa cotidianeidad se refleja, ese feel permanece en mi obra. Tal vez el que lo ve se identifica más rápido. Busco la sorpresa, para serte sincera.
-¿Tu co-lab para Nike? ¿Cómo fue intervenir la estructura genética de algo tan icónico como la Dunk?
-Puede sorprenderte, pero aquí en Berlín hay muchísima interacción entre las marcas comerciales de streetwear o con una onda más callejera y diseñadores independientes. Se apoyan en nosotros para alimentarlos con nuevas ideas e interpretar productos en una forma original. El ADN de Nike es muy claro: deporte, música, baile, un empuje de modernidad. Así que recolecté símbolos que llenaban estas categorías e hice mi remix de todo eso para componer mi propia Dunk, para la apertura de un nuevo local en Berlín junto a otros artistas. ¡Quedó bonita por suerte!
-Trabajaste también para J&B. Ambas son marcas de una identidad visual muy definida, pero tu personalidad como diseñadora no desaparece.
-Y no es tan difícil como parece, contrario a lo que asumirías sobre lo que es trabajar para compañías tan grandes: limites, presiones, gente objetando cada cosa que haces, todo eso. Como te decia: se dan cuenta de que las mejores ideas vienen de los creativos mismos. Y la tendencia hoy es hacia lo manual, hacia lo orgánico y lo auténtico, la visualización genuina. Menos virtual y vectorial.
-¿Y cómo es la escena de diseño en Berlín?
-Es vibrante. Donde sea que mires, alguien está creando algo. Y es difícil mantenerte concentrada en una ciudad como Berlín, que es inmensa y tiene de todo. Cuando camino a mi studio cada mañana, paso por disquerías con tapas de discos geniales, un store para Polaroid, que produce film nuevo para cámaras viejas, y al menos 5 galerías de arte. Es un poquito abrumador. Te nutre los ojos.
-Volviendo a tu trabajo, hay una cierta infantilidad, una inocencia deforme. Son como mini-gabinetes de curiosidades.
-Es hermoso ver el mundo con ojos de nena. OK, lo que te digo es un cliché total, pero vale en estos tiempos de digitalismo. Un chico puede ver todo de forma clara y fresca, esa habilidad es lo que me atrae, y a lo que apunto en cada proyecto. Destruír lo complejo, hacia una idea simple.


-¡Es que eso es lo mejor de todo! Cruzar límites, y elegir cualquier medio disponible para trabajar, el material que se te antoje. Siento mucha libertad, y encaro cada proyecto de una forma distinta.
-Hay una transmutación en tu obra, desde los materiales. Una banana o un repollo hechos de tela, u objetos prácticos hechos de cosas orgánicas, pulpos, fruta, cubos de azúcar. Es una mirada sumamente distinta.
-Trato de no usar el mismo material demasiadas veces, aunque el papel es lo más agraciado y versatil que una tiene disponible. Busco lo cotidiano, lo que usamos y vemos a cada día, para resignificarlo. Y esa cotidianeidad se refleja, ese feel permanece en mi obra. Tal vez el que lo ve se identifica más rápido. Busco la sorpresa, para serte sincera.
-¿Tu co-lab para Nike? ¿Cómo fue intervenir la estructura genética de algo tan icónico como la Dunk?
-Puede sorprenderte, pero aquí en Berlín hay muchísima interacción entre las marcas comerciales de streetwear o con una onda más callejera y diseñadores independientes. Se apoyan en nosotros para alimentarlos con nuevas ideas e interpretar productos en una forma original. El ADN de Nike es muy claro: deporte, música, baile, un empuje de modernidad. Así que recolecté símbolos que llenaban estas categorías e hice mi remix de todo eso para componer mi propia Dunk, para la apertura de un nuevo local en Berlín junto a otros artistas. ¡Quedó bonita por suerte!
-Trabajaste también para J&B. Ambas son marcas de una identidad visual muy definida, pero tu personalidad como diseñadora no desaparece.
-Y no es tan difícil como parece, contrario a lo que asumirías sobre lo que es trabajar para compañías tan grandes: limites, presiones, gente objetando cada cosa que haces, todo eso. Como te decia: se dan cuenta de que las mejores ideas vienen de los creativos mismos. Y la tendencia hoy es hacia lo manual, hacia lo orgánico y lo auténtico, la visualización genuina. Menos virtual y vectorial.
-¿Y cómo es la escena de diseño en Berlín?
-Es vibrante. Donde sea que mires, alguien está creando algo. Y es difícil mantenerte concentrada en una ciudad como Berlín, que es inmensa y tiene de todo. Cuando camino a mi studio cada mañana, paso por disquerías con tapas de discos geniales, un store para Polaroid, que produce film nuevo para cámaras viejas, y al menos 5 galerías de arte. Es un poquito abrumador. Te nutre los ojos.
-Volviendo a tu trabajo, hay una cierta infantilidad, una inocencia deforme. Son como mini-gabinetes de curiosidades.
-Es hermoso ver el mundo con ojos de nena. OK, lo que te digo es un cliché total, pero vale en estos tiempos de digitalismo. Un chico puede ver todo de forma clara y fresca, esa habilidad es lo que me atrae, y a lo que apunto en cada proyecto. Destruír lo complejo, hacia una idea simple.






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