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Con sus libros como “Dumb Luck” y “Dying of Thirst”, sus toys que son íconos (hay decenas), su propia serie para Disney, “Teacher’s Pet”, y una estética que irrumpió en todos los bastiones de la cultura pop, Gary Baseman, amigo muy estimado, es el puro arte de Los Angeles.

-“Lowbrow art”, “pop surrealista”, llamalo como quieras, pero tu tendencia artística hizo el crossover estético más fuerte de la década. Está en todos lados. Y es una forma genuínamente americana.
-Es que tenemos la fuerza para hacerlo. Personalmente prefiero el término “pervasive art”, o percibible en cualquier parte. “Lowbrow” y “pop surrealista” no me gustan mucho, parecen despectivos. La fuerza de esto es que el arte y el artista rompieron las fronteras de la mayoría de los formatos. Mientras los artistas sigan fieles a su estética y el mensaje sea intenso, pueden poner su arte donde sea: la galería, la calle, la moda, tele, cine, una revista o un teléfono celular. Más que americana o estadounidense, te diría que es de Los Angeles. Somos todos de por aquí los que fundamos esto: Shepard Fairey, Mark Ryden, los hermanos Clayton, Camille Rose García. Hasta Tara McPherson vivió aquí mucho tiempo. Y me complace haber invadido la cultura pop, pero eso genera muchos mediocres y copiones.
-“Dying of Thirst” es tu ultimo libro, y le abunda tension sexual. Chicas lindas y amiguitos imaginarios que se las quieren montar. ¿De dónde sale toda esa cachondería?
-¡De la condición humana! Quise crear algo así como una utopia hermosa y algo agridulce, donde el deseo, la lujuria y el juego pueden existir sin maldad. Encontré una forma de dirigir estos problemas míos de la vida real a través de este mundo, donde mis ninfas interactúan con sus amigos, disfrazados de conejitos, entre esqueletos y hombres huevo, que toman las inseguridades de las chicas y las transforman en amor cremoso.
-Fuiste de los primeros en hacer toys. Inauguraste todo el tema, básicamente. Tus Dunces, la serie de Dumb Luck, tus Dunnies para Kid Robot, etcetera.
-Es que crear juguetes es como hacer esculturas de edición limitada para el público. Siempre me parecieron como extensiones 3D de mis obras, y la mayoría vienen de mis muestras en galerías. Por ejemplo, el conejo de Dum Luck es de mi muestra de 1999 en la Mendenhall Gallery. O mi muñeco Toby en plush, que fue como esfumar la línea entre cultura toy y fine art precisamente.
-Nunca parás.
-Existo para crear. Desde chiquito es lo único que sé hacer. Todavía no tengo habilidades para funcionar en el mundo real. A donde sea que vaya llevo un cuaderno para bocetar.
-¿Cómo es vivir en Los Angeles, nacido y criado allí precisamente? ¿Cómo define tu cerebro?
-Me siento muy afortunado de ser de LA. Vi mucha cultura pop desde su incepción. Y de chiquito, pude conocer a artistas de verdad, y a gente que vivía de su arte. Hollywood es como el mito, donde se cumplen sueños y se rompen sueños a diario. Pude ver lo dulce y lo amargo, para serte sincero, y eso invadió mi vida.
-¿Qué debería hacer en Los Angeles alguien que no conoce Los Angeles?
-Ah, ¡no podrías escaparle al clima! El sol te besa la piel literalmente. Y hay que estar, simplemente. Ser. Comer, amar, jugar. Eso es lo que hago en LA. Este verano estuve obsesionado con correr y nadar todos los días, por ejemplo.
-¿Qué te pareció Buenos Aires? Viniste en 2007.
-Genial. Pasión, pasión, completa y sin diluír. Todos parecían tenerla. La forma en que un amigo saluda a otro, el beso en la mejilla, el abrazo, todo eso. Cómo todos quieren escuchar tu historia, y contarte la suya. De eso me acuerdo bien.
-Ahora, ¿de dónde viene toda tu estetica? Mezclar lo cute con lo decididamente fucked-up.
-De los cartoons de los 30s y 40s. Para mí eran como la perfección. Warner Brothers, los hermanos Fleischer, Disney. Amaba la forma en que estaban dibujados, cómo se movían. Me encantaba también la vieja revista Mad, y los artistas que publicaban en la New Yorker, como Saul Steinberg. Eso me llevó a Rothko, Man Ray, Warhol, o Yoshitomo Nara, Jeff Koons y Takashi Murakami. Siempre amé lo absurdo, ver arte que parece una cosa y es otra si lo mirás fijo.
-“Teacher’s Pet” caminó un trecho largo. Y es raro: tu obra es generalmente vista por adultos, no por chicos clientes de Disney.
-Yo no fui a Disney. Al contrario, Disney vino a mí. Y cuando creo para chicos, no paternalizo, no ablando, pero tampoco pongo nada inapropiado. Estoy super orgulloso de “Teacher’s Pet”. Es como una serie maravillosa para toda la familia donde puedes tener historias fuertes y personajes con mi arte. Todos los fondos fueron pintados en lienzo, por ejemplo. Cuando dibujo para adultos, trato de no censurarme, y me juré a mí mismo no hacerlo.
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